lunes, 6 de agosto de 2007

La 33

Una de las cosas que más impresionan de Colombia cuando uno se acerca a ella es la riqueza musical de este pueblo. No conozco todos los países del mundo pero no creo que haya muchos con más variedad que este: mapalé, bambuco, gaiteros, porro, puya, palenquero, calipso, currulao, san juanero, pasillo, llanera, cumbia, vallenato, salsa y un larguísimo etc. La música está presente donde quiera que estés: en un taxi, en un chuzo en medio de la nada, en un asadero en la carretera, en un restaurante de lujo, en un almuerzo en una casa, en una buseta... Pero, aunque variada, si tengo que ponerle banda sonora a los dos años que llevo en Locombia, tiene que ser a la fuerza cualquier canción de la banda La 33.

La primera vez que los vi fue en la sala Teathron, en el barrio de Chapinero de Bogotá casi recién llegado a estas tierras. Compartían cartel con Sidestepper, la propuesta musical más interesante de Colombia. Éstos, que eran el grupo estrella, tocaron los primeros y cuando acabaron se fue media sala. Y yo también me hubiera ido de no ser que me estaba ligando a Adriana: después del conciertazo de Sidestepper, lo mejor era largarse con la chica a otra parte. Pero ella no, la niña quería salsa y había que quedarse. Esa noche estaba dispuesto a “tragármelo todo”... e incluso a Manolo Escobar si hubiera hecho falta. *Inciso para los colombianos: la salsa que llega a España tiene la calidad de una balada de José Luis Perales o Paloma San Basilio. La salsa que nosotros escuchamos allí es una herejía para ustedes; es lo mismo que cuando algunos me hablan aquí de “flamenco = Gipsy Kings”. Esa noche, yo sabía de salsa lo que un colombiano puede saber de un martinete.

Sigo. De pronto empieza a subir al escenario gente y más gente, y empiezan a tocar...
La 33. Creo que si me hubiesen hecho una foto en ese momento, hubiera salido con una cara de gilipollas tremendo: con la boca abierta, embobado con aquel ritmazo frenético, con esa orgía de saxofones, trompetas, trombones, congas, piano, la peculiar voz "metálica" del cantante... Estaba absorto, alucinando con todo aquello. Esa noche empecé a saber que coño era la salsa.

La 33 es una banda bogotana que ha sabido mezclar perfectamente toda la herencia del sonido Latin Jazz neoyorquino de los años 70, el son cubano de los 50 y el mambo de Pérez Prado. En estos casi 2 años que ha pasado desde aquella noche en Teathron, esta orquesta se ha consolidado como una de las mejores bandas actuales de salsa de todo el Caribe, consiguiendo incluso la aceptación de los más recalcitrantes salseros. Después vino Berlín, Hamburgo, Viena, Bélgica, Lugano, Milán, Torino, Genova, Quito, Caracas, Amsterdam, Liverpool, Barcelona....

Ahora, asistir a los conciertos de esta gente se ha vuelto complicado porque hay hostias para conseguir entradas. Pero merece muchísimo la pena verlos en directo porque te aseguran el parradón: Este grupo transmite y la gente baila desenfrenada haya espacio o no. Da igual. Si no bailas con La 33 es que tienes que estar lisiado.

Aquí os dejo una de las canciones más populares de La 33: La Pantera Mambo. Una versión del clásico de Henry Manzini.

http://www.la-33.com/


2 comentarios:

Anónimo dijo...

HACE RATO NO VAMOS A BAILAR SALSA CERDO, ORGANICEMOS ALGO, EL PROBLEMA ES QUE YO NECESITO UNA BUENA PAREJA....

JJP

jose manuel dijo...

JJP, ya le hemos sacado tremendas mujeres y ud no dió la talla. ¿Quiere que le saquemos esta vez un señor con bigote? igual le va mejor....
saludos