Cuando uno hace un curso o master en cooperación internacional, comercio exterior, relaciones internacionales, etc y van explicando Hispanoamérica país por país, todo va bien hasta que un día toca explicar Colombia. A veces se lo saltan y cuando algún alumno pregunta: “¿Y Colombia?”, si el profesor conoce bien la realidad latinoamericana suele quedarse callado durante un par de segundos sin saber que decir, hasta que al final con una sonrisa cómplice suelta: “uffff, Colombia es punto y aparte... necesitaríamos un módulo entero para explicar bien este país. Lo que si puedo deciros es que, cuando se conoce y se vive, se mete en las venas y ya no se suelta”.
Colombia es de una complejidad fuera de lo común: cualquier Estado normal no podría soportar tener una guerrilla desde hace más 40 años, las FARC, con 20.000 personas; otra, el ELN, de 4.000; unos paramilitares infiltrados en la política que “controlan” como la mafia siciliana varias partes de país, 3 millones de desplazados internos por culpa del conflicto (uno de los índices más grandes del mundo), una población afro e indígena dejada de la mano de Dios - mejor dicho del Estado- constantemente masacradas unas veces por los paramilitares; otras por la guerrilla, unos desmovilizados que han entregado las armas y que el Estado tiene que hacerse cargo de ellos, el problema del narcotráfico, violación de los Derechos Humanos, trabajo infantil, desnutrición, minas antipersonales regadas por muchas zonas del país (minas que por cierto ha vendido España durante muchos años), desigualdad social, más de 1000 secuestrados..... Pues le cuentas esto a cualquier extranjero y le parece imposible que esto funcione y sin embargo, el país marcha, se vive, se goza.... y “se te mete en las venas y ya no se suelta.”
Cada uno de estos problemas es un universo de una complejidad brutal que requiere un post demasiado profundo para el conocimiento del que dispongo, y como uno de los ideales de este blog dice “... que nace sin pretensiones ni propósito alguno, quiero haceros partícipe de las cosas que me gusta contar”, pues voy a hacer eso, simplemente contar lo que ven los ojos de un europeo incrédulo que desde hace 3 años no ha dejado ni un solo día de sorprenderse, para bien y para mal, de todo lo que le rodea.
Mañana, los desplazados.
