domingo, 23 de diciembre de 2007

Un cuento de Navidad; cuando la realidad supera a la ficción

"Con ese último rollo de película sería más que suficiente". Tantas veces había escuchado Gonzalo hablar a sus suegros de su Algeciras natal; de Cádiz; de Sevilla; de Jerez, de Málaga... que llevaba preparando este largo viaje desde hacía mucho tiempo y no quería que se le escapase ni un detalle; por fin iba a conocer la tierra de su esposa: Andalucía. Llevaba una semana revisando y limpiando su máquina de fotografiar Telka II, y su mujer, que aunque desde niña vivía en Tudela, todavía conservaba un ligero acento andaluz que le servía para reprocharle cariñosamente lo “pesaíto” que era con la dichosa cámara. Pero Gonzalo como buen navarro, era un tozudo impenitente.

Salieron de Navarra en los primeros días de febrero de 1958 y fueron cruzando la península en tren, autobús y taxis, lo cual les permitía parar donde querían y degustar la comida de los pueblos por los que pasaban, que por aquellos tiempos no es que fuese abundante. La llegada a Andalucía le pareció un infierno: pensaba que siendo navarro, estaría “curado en salud” en cuestiones montañosas, sin embargo, aquel paso por Despeñaperros fue de los peores momentos de todo el viaje: qué de curvas y cuánto vomitó aquel día... una vez recuperado, y tras aquel mar de olivos que se perdía en el horizonte, llegó Bailén; y después Andujar; y Marmolejo, y Villa del Río.... y en todos los pueblos y veredas que podía, se bajaba para retratar a familias enteras y a todas, les preguntaba nombre y dirección para enviarles la foto una vez revelada. Su mujer se reía de su noble inocencia.

En Sevilla sólo pudieron quedarse una noche. Les gustó, pero no tanto como se la habían imaginado: les resultó algo provinciana, y es que todavía estaba muy presente en el imaginario de los españoles aquella ciudad de los años 20 y 30, famosa por ese ambiente de excesos entre toreros, cantaores y literatos.

De Sevilla a Jerez intentarían hacerlo en un solo día: hasta Utrera lo harían en tren, y de ahí a Jerez irían en taxi. Y así lo hicieron. Eran las once de la mañana cuando salieron de la estación de Utrera camino Jerez donde pasarían la noche. A través de la ventanilla del taxi, Gonzalo y su mujer sólo veían campo y más campo, y entre cultivo y cultivo, algunas chozas cerca de los Cortijos. Y siempre niños; ó jugando ó trabajando en el campo, pero niños por todas partes. Llegando a una venta a la que le llamaban Santa Luisa cerca de Lebrija, decidieron bajar y tomar algo antes de llegar a Jerez. El lugar era pintoresco para hacer fotos porque había algunas chozas de campesinos cerca de un gran cortijo con dos torres al que le llamaban La Cibuta. Una vez más cogió su cámara, preparó su rollo y como había hecho tantas veces desde que salió de Navarra, empezó a fotografía todo lo que allí veía.

Retrató al completo a una familia de jornaleros que decían llamarse “los Meangos”, - a Gonzalo le daba risa que los andaluces se llamasen por su sobrenombre a modo de clan familiar con los apodos más variopintos-, y como siempre que hacía cada vez que retrataba a familias, les preguntaba la dirección. Complicado esta vez, porque vivían en medio del campo... De camino al taxi pasó andando por otra choza vecina y vio a 3 niños; dos de ellos hermanos que se reían con otra niña de una choza colindante. La foto era perfecta: “a ver niños, ¿Quieren retratarse?”. Igual por el acento extraño o por lo insólito de la situación, los tres chiquillos se paralizaron y se quedaron rígidos ante la cámara. La madre de la niña que andaba por allí, se apuntó también al retrato y así quedaron los 4 para el encuadre: los dos hermanos, la niña y su madre. “Que buen retrato”, pensó Gonzalo: “una, dos... ¡Foto!”. Subió al taxi con su mujer y completó su viaje: Jerez, Cádiz y por fin, Algeciras.

La mayoría de las fotos, una vez reveladas en Tudela, fueron enviadas a sus retratados, tal y como había prometido Gonzalo. Algunas se las quedó él y otras se perdieron.
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Terminaron los 50 y llegaron los años 60, y con ellos, el boom económico de España y el turismo; La guerra del Vietnam, las revueltas estudiantiles de mayo del 68, la llegada del hombre a la Luna... Los años 70 trajeron por fin el ocaso de una época oscura: la dictadura y la muerte de Franco; Llega la Democracia, la Constitución, las Autonomías, la Primera Copa del Rey para el Real Betis Balompié... Los 80 empiezan con la llegada del Gernika a España, el Mundial 82, la entrada de España en la OTAN y en la Unión Europea; el estado del bienestar y empieza a vislumbrase la caída del Muro de Berlín... Con los 90 vienen las Olimpiadas y la Expo, abriéndose España definitivamente al mundo. Llegan los primeros inmigrantes y nuestros emigrantes empiezan a volver... y un día del año 1998, Gonzalo, al abrir un libro en su casa de Tudela, se le caen unas cuantas fotografías de aquel viaje que hizo a Andalucía en el año 1958. No recordaba donde estaban tomadas esas fotos pero en el reverso ponían: familia de los Meangos. La Cibuta, Lebrija. No lo dudó ni un momento y aunque hubiesen pasado 40 años y 8 meses, la palabra de un navarro no se incumplía jamás. Así fue como Gonzalo escribió una carta pidiendo disculpas por el retraso de 4 décadas y mandó las fotos en un sobre.

Cuando esa carta llegó a Lebrija esa dirección ya no existía: ni había choza, ni familia "Meango", ni nada de nada; en ese lugar lo único que quedaba en pié era el cortijo y la venta Santa Luisa junto a la Nacional IV. Sin embargo, otras de las direcciones que puso Gonzalo era la de un familiar de los Meangos que por el año 58 vivía en el pueblo pero que ya llevaba muerto muchísimos años. Por lo tanto, sin destinatarios, la carta se quedó en la oficina de correos de Lebrija durante algún tiempo hasta que un día, cuando ya iba a ser devuelta, un cartero, “el botifarro” -ya jubilado-, pidió que se la diesen porque creía conocer a uno de los antiguos “Meangos”, hijo del destinatario muerto hacía ya muchos años. Lo encontró, e intrigados, abrieron el sobre y leyeron atónitos la carta que iba acompañada de varias fotografías. Entre las fotos, venía una que no era de “Los Meandros”, sino la de aquellos dos hermanos que se reían con la chiquilla de la choza de lado: mi tío Salva, sentado en el suelo y mi madre, que le coge con la mano derecha la cabeza.


Dedicado a Don Gonzalo Cordero que 40 años y 8 meses después, hizo honor a su palabra. Y a sus 92 años, sigue vivo para contar esta historia.



14 comentarios:

Cabezota sin remedio, corazón enorme dijo...

Vaya puntazo de historia. Increíble.

Feliz Navidad.

el aguaó dijo...

Querido Gazpacho, es una de las mejores historias verídicas que he leído jamás. Has conseguido transportarme a cada uno de los momentos y lugares que narrabas con tu maestría. Impresionante. Lo que consigue poner los vellos de punta es la forma en que concluye este verdadero relato cargado de curiosidades y genialidad.

Gracias por compartir esta historia con nosotros. No tengo otra opción que felicitarte y darte la enhorabuena. Sublime.

Aprovecho mi comentario también, para desearte una Feliz Nochebuena y mandarte un ciber-caluroso abrazo, aunque supongo que de calores no querrás nada. Que lo pases bien y disfrutes.

Un fortísimo abrazo.

Anónimo dijo...

lloro emocionado.
sensibilidad de garrafón? no lo creo.

Dama de sevillano nombre dijo...

¡que bonito!
Es una historia absolutamente increible, digna de premio.
Fantástico, estoy emocionada, al acabar el texto he estado a punto de llorar.
Y eso de la Copa del Rey...

Natalia Pastor dijo...

Una historia absolutamente increible.
Feliz Navidad.

Anónimo dijo...

Por aquellos tiempos Jose Maria Peman, franquista empedernido, decía que en las chozas no hacia ni frio ni calor, pero yo pase ambas cosas.
Leyendo tu relato me he emocionado, porque aparte de ser real, lo has bordado.
Un abrazo

Anónimo dijo...

Querido Gazpacho, te doy mil gracias por haber contado de una forma tan magistral algo tan importante como fué parte de mi vida (mi infancia).
En cada momento me he sentido identificada y reflejada en ése cuento (real) que escribe gracias a Gonzalo, (ése tudelano que no faltó a su palabra de enviar las fotos a pesar de haaber pasado 50 años) al igual que el tio Salva yo también pasé frio y calor en la choza, pero a la vez nos sirvió para no olvidarnos de donde venimos, quienes somos y como cambiaron nuestras vidas durante esos 50 años. Feliz Navidad y un fuerte abrazo. "La niña de la choza"

María_azahar dijo...

Absolutamente genial, querido Gazpacho. Tu blog ha sido un buen descubrimiento.

Te deseo una feliz Navidad. Un abrazo.

Charo.

ROCIO dijo...

Solo decirte amigo Jose que me he emocionado.
Muchos besos y Feliz 2008.

gazpacho con arepa dijo...

Cabezota: con menos, se hace el guión de una peli.

Aguaó, gracias por tus palabras y más si vienen de ti, que eres de los que mejor escribe en el salón de la Dama.

1er anónimo: Alfredo!!!!! Que alegría verte por aquí!. Tú y yo sabemos que donde se ponga la sensibilidad de garrafón, que se quite to lo demás.

Dama, si de verdad supiera escribir, este relato efectivamente sería de premio porque como dices, es lo más increíble que he escuchado en mucho tiempo (si esto lo coge Juan José Millás...). Viviendo en “Locombia” y mira tú por donde me ha llegado el Realismo Mágico: por Lebrija!
Ah, lo de la Copa del Rey de nuestro Betis, tenía que ponerlo...

Natalia, es increíble... e inverosímil, asombrosa y maravillosa...

2do anónimo y primer protagonista de la foto: mi tío Salva. Casi, casi... que lo escribí para ti y para mi madre. Me alegro mucho que te haya gustado. Cuando me enteré de la historia hace 2 semanas a través de la prima Raquel, pensaba que se estaba quedando conmigo. José María Pemán? Uuuuf, que caspa. Un beso

3er anónimo y segunda protagonista de la foto: mi madre. Mamaaaaaaaaaaa! Como ha cambiado vuestra vida, eh? Lo bueno es que tengamos presente, -y no se nos olvide-, de donde venimos y además, nos sintamos orgullosos de ello. Me alegro mucho que te hayas visto reflejada. Un beso pa “la niña de la choza”

María Azahar, muchas gracias. El descubrimiento es mutuo.

Rocío, no sabes cuánto me alegra que te acerques a mis historietas. Besos para ti y pa las niñas y dale un abrazote a Álvaro

Y pa TODOS Y TODAS, que el 2008 empiece con buen pié. Besos

el aguaó dijo...

Igualmente amigo. Que llegue y permanezca próspero.

Un fuerte abrazo.

Anónimo dijo...

he leído por segunda vez la historia que escribiste, me ha parecido de lo mas humana y linda, así se deben conservar las anécdotas familiares, porque ellas ayudarán a que las generaciones posteriores sepan que en la vida hay que luchar las cosas y como existe la confianza en la palabra.Que no se olvide ésta hitoria núnca, aunque tengamos en algún momento "chozas de frío y de calor"" en nuestras almas. Patricia.

María dijo...

Hola me llamo Mar�a y me he sorprendido al encontrar esta historia. Mi madre es la sobrina de la se�ora que aparece en la foto (que, por cierto, se llamaba Rosa) y mi padre es el actual due�o de Santa Lu�sa. He o�do hablar de esta historia en mi familia y no esperaba encontrarla escrita con tanto cari�o. Muchas gracias y un abrazo. Mar�a. pyxyka@hotmail.com

Nono dijo...

Hola , me llamo Antonio Cordero Romero. Tengo 13 años y junto a mi hermano Nacho Cordero de 9 años. Soy biznieto de Rosa Vidal y Antonio Cordero (apodado Nono Meango). A mi también me llaman "Nono".

Me ha enseñado mi padre el Blog, y me ha emocionado la historia.

Le estoy muy agradecido de que hayan publicado esta historia,para que la conozcamos todos los familiares "meango", que vivimos en Lebrija.

Nono y Rosa, tuvieron 3 hijos y una hija. José (que es mi abuelo), Antonio, Juan y Lola (que es la niña que aparece junto a mi bisabuela Rosa en la foto).

Mi hermano Nacho dice que la historia es muy bonita. Que le ha gustado mucho.

Muchas gracias y un saludo.

antonio_sevillistalebri@hotmail.com
nacho_beticolebri@hotmail.com