miércoles, 12 de septiembre de 2007

CIEN AÑOS VERDIBLANCOS

Un día como hoy hace cien años, nacía el Sevilla Balompié, germen de lo que siete años más tarde, al fusionarse con el Betis Foot-Ball Club, pasaría a ser el Real Betis Balompié. Mi equipo, y una parte importante de la historia emocional de mi familia.

Real Betis Balompié, 1922

Hace dos años en el Hay Festival de Cartagena, un chaval le preguntó al “Negro” Fontanarrosa, porqué era hincha tan acérrimo del Rosario Central. Y éste le contestó: “pelao, te voy a decir una cosa: el fútbol es la cosa más importante de las cosas que no son importantes. Y tu equipo, si vos sos hincha de verdad, es la máxima expresión de la fidelidad. Fijate lo que te digo: vos podés cambiar de carro, de laburo, de amigos.... de mujer, de familia. Podés cambiar de país, de nacionalidad... incluso traicionar a tu Patria. Cambiar de religión y ya, hasta de sexo con una operación... pero si vos sos hincha de verdad, la única cosa que tendrás segura en la vida, es la fidelidad a tus colores; a tu equipo”. Pues eso es lo que me pasa a mi, que de las pocas cosas que tengo claras en la vida, es que acabaré muriendo bético.

Real Betis Balompié y el Cartagena FC, 1924

Sin entrar a desglosar la historia épica de mi equipo, quiero hacer un homenaje a todos los que a través de este siglo han tenido la inmensa fortuna de haber escogido el camino equivocado. Porque sin duda, elegir ser bético es la peor de las opciones para llegar a la felicidad por la vía rápida: el sendero fácil no va con la filosofía bética. Pero y qué? Las cosas difíciles de conseguir, son al final las que dan más placer... como este amigo mío, que cuando su familia se trasladó a vivir a Sevilla, se dio cuenta que en esta ciudad había que tomar partido por Sevilla o Betis: no quedaba opción para Madrid, Barça, etc. Y su padre, en un afán integrador los llevó a él y a su hermano a los dos Estadios de fútbol y que ellos eligiesen libremente de qué equipo ser. Primero, se los llevó a ver el Betis para verlo perder y al domingo siguiente, se los llevó a ver al Sevilla que goleó a su rival. A la salida del Estadio sevillista, con toda la gente eufórica por la goleada, el padre, seguro de la respuesta les pregunta a sus hijos: “entonces, qué? ¿De que equipos queréis ser?”. “Pues papá, de cual vamos a ser... Pues del Betis!”.
Ó como mi primo. Que habiendo nacido y vivido toda su vida en Alemania, decidió ser bético desde que tiene uso de razón, aunque eso le cueste tener que ver a su Betis una vez cada dos años. ¿Quien dijo que el amor platónico no existía?

La historia marca, y a nosotros nos marcó para siempre la fundación en 1909 del Betis Foot-Ball Club que fue una escisión del actual Sevilla FC por la negativa de éste a dejar jugar en el equipo a un obrero que trabajaba en la Pirotecnia. A partir de ese momento, escogimos la senda más difícil. En estos Cien años de historia, muchas cosas han pasado, pero la idiosincrasia del Betis sigue inalterable: acostumbrados a lo mejor y lo peor, pasamos de la cima y a la sima en un segundo; de ser Campeones en Primera División, pasamos a la Segunda, y de la Segunda División, pasamos a la Tercera. Y precisamente a esos béticos van hoy todos mis honores. A esos que vieron a su Betis pasar de ser Campeones de Liga, a verlo jugar en Tercera División contra los equipos de los pueblos de la provincia de Sevilla, mientras, el otro equipo de la ciudad, jugaba la Copa de Europa. Son estos béticos los que en ese periodo negro de nuestra historia verdiblanca, supieron ingeniárselas para parir la frase más filosófica de estos CIEN años; la que recoge todas la esencias del beticismo añejo: “Viva er Betis manque pierda”. Sin la épica, el coraje y la resistencia de esos béticos, estos cien años no hubieran sido posible. Uno de ellos era un lebrijano que se llamaba Sebastián: Mi tío abuelo. A ellos van dedicados estos Cien años.

Decía Ignacio Sánchez Mejías, torero y Presidente del Betis en los años 30, que “él no comprendía como se podía ser de otro equipo que no fuese el Betis”. Y yo tampoco.

Felicidades, viejo amigo!

Real Betis Balompié. Primer ascenso a Primera División, 1932

Real Betis Balompié. Campeones de Liga, 1935

Real Betis Balompié. Campeones de España, 1977

CIEN AÑOS VERDIBLANCOS

¡Viva er Betis manque pierda! Dos mitos del beticismo: Lorenzo Serra Ferrer y Alfonso. Subcampeones de Copa, 1997

Campeones de España, 2005
Juan José Cañas, capitán
la afición
El Betis de hoy. Partido del Centenario, Betis 1- Milán 0

viernes, 7 de septiembre de 2007

El Vallenato

“... los creadores e intérpretes vallenatos eran gente del campo, poetas primitivos que apenas si sabían leer y escribir, y que ignoraban por completo las leyes de la música. Tocaban de oídas el acordeón, que nadie sabía cuándo ni por dónde les había llegado, y las familias encopetadas de la región consideraban que los cantos vallenatos eran cosas de peones descalzos, y si acaso, muy buenas para entretener borrachos, pero no para entrar con la pata en el suelo en las casas decentes“. Gabriel García Márquez.

Cuando yo llegué a Locombia, de la palabra vallenato, - aparte de tener una sonoridad bastante fea -, lo que más me desconcertaba era su origen.... “coño, ¿Será que en Colombia hay balleneros y yo no lo sabía?”. Además, la única canción vallenata exportada a España hacía ya muchos años era “La gota fría”: Una bellísima canción de Emiliano Zuleta que destrozó Carlos Vives (*) y que terminó de rematar el patético de Julio Iglesias. Para mi el vallenato era esa canción.
Con este panorama, era lógico que cuando aterricé por estas tierras llegaba con el mayor de mis prejuicios. Quise conocer todas las músicas de este país sin embargo no puse demasiado interés en oír esto “de las ballenas”.
(*) Aclaro que Carlos Vives es un pedazo de artista del que los españoles sólo conocemos su peor época.

De parranda en parranda fui escuchando este canto que nada tenía que ver con lo anterior, y con el tiempo, he ido conociendo y leyendo toda la literatura de esta música. Y me fascina. El vallenato es el sonido de Colombia por excelencia. No creo que haya una música en este país que represente mejor su realidad mestiza: sus tres instrumentos básicos son el acordeón; de Europa, la caja; de África y la guacharaca indígena. Es la música del pueblo de la costa del Caribe; concretamente de la parte de La Guajira, el César y del Magdalena. Coge su nombre de la ciudad de Valle de Upar: de ahí la palabra “vallenato”, y como bien lo describe García Márquez, es la música de la gente del campo.

Los temas de las letras son en un 90% el despecho de amor -y ahí entra la variante de cuernos con el componente machista (canciones por cierto, que en este momento estarían prohibidas en España), y son tan sentidas, que a veces provocan la risa más que la pena. El vallenato, la tusa del desamor y el alcohol, van unido como un ente indisoluble. Creo que es imposible escuchar vallenato sentado en la butaca de un teatro en Helsinki, o al menos a mi me parece complicado. Es como la letra de una canción de Chavela Vargas, pero quitas el tequila y un poquito de desgarro, le pones aguardiente y le añades el eterno carácter parrandero de Colombia.

Aquí dejo un video del mítico Alejo Durán, primer Rey del Vallenato. La imagen es pésima pero es que es 1970. Como dice en su biografía “enamorado de las mujeres y también de la vida, Alejo tuvo 25 hijos en 18 amores”. Murió en 1989 a los 70 años.
Ay home!


miércoles, 29 de agosto de 2007

Nueva York

De vuelta en Colombia. Y ahora qué, ¿De que hablo yo de Nueva York...? de Manhattan, del skyline, de los barrios que me gustaron como West Greenwich Village y East? ... de esa “marea humana” haciendo deporte en Central Park, o del metro más asqueroso y peor comunicado del mundo? También podría hablar de lo emocionante que es, para bien y para mal, reconocer los lugares y calles archiconocidas por todos a través de las pelis o del maravilloso concierto de Jazz de Dave Holland Sextet en Blue Note. De lo mágico que es cruzar andando el puente de Brooklyn por la noche y de la obsesión casi paranoica de los yankies por la seguridad. También podría referirme de los pocos rascacielos que arquitectónicamente merecen la pena, de los 3 grandes Museos de Arte ó de los edificios del norte de Manhattan que más que en Nueva York parece que estás en la Chequia comunista. De mi descubrimiento en Corner Bistro de que una hamburguesa es mucho más que una simple mierda de plástico de Mc Donalds ó de lo que recuerda al pasear por Broadway a la Av. de República Argentina en Sevilla (Araceli dixit).
Mi impronta es la de haber visitado una ciudad extraña pero a la vez familiar. Un lugar que se ha quedado parado en un halo setentudo donde existen pocas propuestas de vanguardia en comparación con cualquier ciudad europea medianamente importante. Esa aureola horterilla de Broadway, Madison Square o Roquefeler Center, sumado a los maravillosos rascacielos art decó de la década de los 30 es también lo que la hace entrañable.
Pero quizás me quedo con lo aparente menos seductor: Brooklyn. Y digo aparente porque es la parte olvidada de las guías. Nadie va hasta allí si no tienes que ir para algo concreto y sin embargo, es otro mundo distinto al resto. Cada uno de los barrios de componen Brooklyn es diferente pero allí se juntan judíos ultra ortodoxos, raperos, puertorriqueños, y muchísimos jóvenes modernillos (chavalería, como diría mi abuela). Es quizás, el lugar donde mejor se encuentra esa Nueva York intercultural que dicen que es.
Muchas, demasiadas cosas que contar de ese gran mito que es Nueva York y al que indudablemente hay que ir, al menos una vez en la vida.
Tribeca
Manhattan desde el Empire State
metro en Brooklyn: una oriental, un rapero y un judío ortodoxo
Dave Holland Sextet en Blue Note.
Chocazo en East
al norte de Manhattan pero más bien parece República Checa
American way of life
Puente de Brookyn

el metro de Nueva York foto de Adriana Nieto

domingo, 19 de agosto de 2007

Nos vamos pa' Nueva York

Pues eso, parece que ahora sí. Después de algunos problemitas con mi pasaporte caducado, salimos hoy pa Nueva York y volvemos a Locombia el 28 de agosto. Nos esperan muchas caminatas, el MOMA, el Metropolitan, una subidita al Empire State, un pasito por el Central Park, alguna que otra hamburguesa y espero que muchas sopresas. Informaremos desde Brooklyn

sábado, 18 de agosto de 2007

Providencia, o el paraíso

A más de 400 kms de Colombia, y a medio camino entre Nicaragua y Jamaica, se encuentra la isla de Providencia. Todos la reclaman y aunque pertenezca a Colombia, no es de nadie porque los paraísos no tienen dueño: pertenecen sólamente a quien lo busca.

Cuando te vas acercando a ella en la avioneta que te trae desde la isla de San Andrés y empiezas a divisarla a través de la ventanilla, sin que te des cuenta, se te va dibujando una sonrisa en la cara que solo se borrará el día de tu partida. Es la isla del buen rollo.

Providencia es verdaderamente mágica y diferente a todo: no es la clásica isla del mar Caribe coralina, plana y con turistas, sino de origen volcánico, muy abrupta y solitaria. Son tan sólo 17 km2 de montañas, acantilados, y playas, por lo tienes siempre la sensación de que sus propios habitantes viven aislados los unos de los otros. Su marcado pasado pirata la hace además escurridiza y misteriosa; no es el clásico lugar que se te abre y te deja mostrar sus encantos de buenas a primeras.

La poquísima población que hay es negra; rastafaris influenciados por Jamaica, que hablan criol: una mezcla entre inglés y español, más “cosecha propia”. A estos, se le han sumado unos pocos colombianos del continente que un día, cansados de sus anodinas existencias, lo dejaron todo y empezaron una nueva vida en el edén terrenal, escépticos todos de que pueda exista algo mejor en el paraíso celestial. Si es que existe, claro.

Dentro de los múltiples personajes que pueblan la isla, hay dos que no te puedes perder: Alan y su chiringuito “el Divino Niño”. Simplemente excepcional. Y Richi, un caleño con media cara afeitada metido en una caseta-bar de 2m cuadrados suspendido en un acantilado. Pone reagge y no te dirige la palabra a menos que tú lo hagas.

Afortunadamente, la morfología accidentada de la isla y su dificultad para llegar, ha hecho de Providencia un lugar fuera del circuito turístico. Esperemos que por muchos años más para disfrute de aquellos que buscamos el paraíso.

Divisando Providencia desde la avioneta
Playa de Manzanillo. Niños de la isla jugando, como todos los días de sus vidas
Donde Alan. El Divino NIño
Providencia desde los cayos
Uno de los cayos de Providencia

lunes, 13 de agosto de 2007

Colombia vista por un venezolano y un español

En los últimos días se han publicado 2 buenos artículos sobre Colombia. El primero en la revista SOHO, Colombia vista por un venezolano del escritor Sinar Alvarado. El segundo salió ayer en el diario El País, Colombia, entre la espada y la palabra del periodista español Francisco Peregil.

De los dos, me quedo sin lugar a dudas con el del venezolano: contundente y corrosivo, se nota que conoce mejor este país que la mayoría de los colombianos. El del español, aunque más superficial que el primero, tampoco no está mal pero cae en el vicio de siempre: si escribes un artículo sobre Colombia en España y no nombras las palabras guerrilla, Tirofijo y Pablo Escobar, parece que no “vendes”... aunque sea como éste, que habla de Simón Bolívar.

Colombia vista por un venezolano, Sinar Alvarado
http://www.soho.com.co/wf_InfoArticulo.aspx?idArt=5727

Colombia, entre la espada y la palabra, Francisco Peregil

domingo, 12 de agosto de 2007

Memoria Histórica asimétrica

Resulta que la Diócesis de Valencia va a construir la Parroquia Santuario de los Beatos Mártires Valencianos, con el que pretende honrar la memoria de los valencianos muertos en la Guerra Civil "por el odio a la fe". Memoria Histórica, pero asimétrica.

Las carajotadas que a estas alturas promueva la Iglesia Católica Apostólica y Romana no son novedad porque ya no sorprenden a nadie. Ni siquiera llegan a la categoría de escándalo. Allá ellos, que sigan así; que van por la senda correcta hacía la desaparición. Es curioso ver como en un continente como éste, Sudamérica, - la única reserva de fieles que le quedaba a la Iglesia Católica-, las sectas les vayan quitando adeptos y devotos a la velocidad de la luz, y estos lumbreras en vez de preocuparse del tema, se dediquen a montar estos proyectos anacrónicos y casposos. Todo un crack el que tienen ahí en cuestiones de marketing.

Lo que de verdad resulta curioso de la noticia, es que esta iniciativa privada cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Valencia, gobernado por el PP, que cede una antigua nave industrial para construir este santuario. Se trata de una de las antiguas naves de hormigón de la industria química Cross, en la avenida de Francia, que junto a otros solares destinados a uso escolar, le fue cedida al arzobispado por el Ayuntamiento presidido por Rita Barberá, del PP, a cambio del solar arqueológico de la plaza de L"Almoina.

Las facilidades concedidas por el Ayuntamiento de Valencia al proyecto de honrar la memoria de los muertos en el bando nacional, chocan con los impedimentos que el Consistorio ha puesto para las obras de construcción de nichos sobre una fosa común del cementerio de Valencia en la que, según el Fòrum per la Memòria Històrica del País Valencià, hay enterrados cientos de personas que fueron ejecutadas tras la guerra civil. Las obras sobre la fosa común fueron paralizadas cautelarmente por un juzgado, que finalmente dio la razón a esta asociación. El Ayuntamiento, por ahora, ha abandonado la intención de construir los nichos.

Pero la broma continúa. Por otra parte, el portavoz del PP en la Comisión de Interior del Senado, Ignacio Cosidó, aseguró, que de salir adelante, la denominada Ley de la Memoria Histórica supondría "romper con los principios de la Transición" y "abrir heridas" que ya estaban "cerradas".

Uy, uy, uy, ay, ay, ay... ¿No era ZP “el demonio” que estaba resucitando las dos Españas? Mira tú, curiosa forma la del PP de protestar contra la Ley de la Memoria Histórica.

lunes, 6 de agosto de 2007

MÚSICA

La 33

Una de las cosas que más impresionan de Colombia cuando uno se acerca a ella es la riqueza musical de este pueblo. No conozco todos los países del mundo pero no creo que haya muchos con más variedad que este: mapalé, bambuco, gaiteros, porro, puya, palenquero, calipso, currulao, san juanero, pasillo, llanera, cumbia, vallenato, salsa y un larguísimo etc. La música está presente donde quiera que estés: en un taxi, en un chuzo en medio de la nada, en un asadero en la carretera, en un restaurante de lujo, en un almuerzo en una casa, en una buseta... Pero, aunque variada, si tengo que ponerle banda sonora a los dos años que llevo en Locombia, tiene que ser a la fuerza cualquier canción de la banda La 33.

La primera vez que los vi fue en la sala Teathron, en el barrio de Chapinero de Bogotá casi recién llegado a estas tierras. Compartían cartel con Sidestepper, la propuesta musical más interesante de Colombia. Éstos, que eran el grupo estrella, tocaron los primeros y cuando acabaron se fue media sala. Y yo también me hubiera ido de no ser que me estaba ligando a Adriana: después del conciertazo de Sidestepper, lo mejor era largarse con la chica a otra parte. Pero ella no, la niña quería salsa y había que quedarse. Esa noche estaba dispuesto a “tragármelo todo”... e incluso a Manolo Escobar si hubiera hecho falta. *Inciso para los colombianos: la salsa que llega a España tiene la calidad de una balada de José Luis Perales o Paloma San Basilio. La salsa que nosotros escuchamos allí es una herejía para ustedes; es lo mismo que cuando algunos me hablan aquí de “flamenco = Gipsy Kings”. Esa noche, yo sabía de salsa lo que un colombiano puede saber de un martinete.

Sigo. De pronto empieza a subir al escenario gente y más gente, y empiezan a tocar...
La 33. Creo que si me hubiesen hecho una foto en ese momento, hubiera salido con una cara de gilipollas tremendo: con la boca abierta, embobado con aquel ritmazo frenético, con esa orgía de saxofones, trompetas, trombones, congas, piano, la peculiar voz "metálica" del cantante... Estaba absorto, alucinando con todo aquello. Esa noche empecé a saber que coño era la salsa.

La 33 es una banda bogotana que ha sabido mezclar perfectamente toda la herencia del sonido Latin Jazz neoyorquino de los años 70, el son cubano de los 50 y el mambo de Pérez Prado. En estos casi 2 años que ha pasado desde aquella noche en Teathron, esta orquesta se ha consolidado como una de las mejores bandas actuales de salsa de todo el Caribe, consiguiendo incluso la aceptación de los más recalcitrantes salseros. Después vino Berlín, Hamburgo, Viena, Bélgica, Lugano, Milán, Torino, Genova, Quito, Caracas, Amsterdam, Liverpool, Barcelona....

Ahora, asistir a los conciertos de esta gente se ha vuelto complicado porque hay hostias para conseguir entradas. Pero merece muchísimo la pena verlos en directo porque te aseguran el parradón: Este grupo transmite y la gente baila desenfrenada haya espacio o no. Da igual. Si no bailas con La 33 es que tienes que estar lisiado.

Aquí os dejo una de las canciones más populares de La 33: La Pantera Mambo. Una versión del clásico de Henry Manzini.

http://www.la-33.com/


martes, 31 de julio de 2007

JÓVENES CREADORES COLOMBIANOS

Mónica Barreneche

Esta bogotana de tan sólo 26 años, tiene todo a su favor para convertirse en una grande de la fotografía. Especializada en el retrato y la fotografía publicitaria, es capaz de sacarle toda la psique al modelo que tenga enfrente por muy oculta que este la tenga.

Colaboradora habitual de la revista SOHO
www.soho.com.co y de la agencia Leo Burnett, metódica y con mucho talento, consigue convertir una simple foto de dos cholas en Machu Picchu, - de esas que se dejan hacer fotos si les das monedas y que van medio disfrazadas para los turistas-, en una auténtica obra de arte. Al resto de los mortales nos saldría una patética foto de souvenir.

Todos deseamos que pueda ampliar sus estudios de fotografía en Londres, aunque eso nos cueste perder a una de las mejores parejas para bailar salsa en Bogotá y tengamos que conformarnos con recordarla cada vez que suene "Casi te envidio", de Andy Montañez.

Mónica Barreneche y Mr Ringo di Pietro. Mía
Dos cholas en Machu Pichu. Mónica Barreneche
David Rugeles. Mónica Barreneche
para revista. Mónica Barreneche
para publicidad. Mónica Barreneche

viernes, 27 de julio de 2007

jueves, 26 de julio de 2007

Medellín, Medallo, Metrallo...

Hay ciudades como la mía, Sevilla, que no dejan de vivir del pasado. Quizás, para no tener que pensar en el futuro. Y hay otras como Medellín, que hacen todo lo contrario: huir obsesivamente de su pasado para proyectarse en el futuro. El lastre de la historia es demasiado pesado para ambas. Pero mientras una, le saca toda la rentabilidad posible al asunto, la otra, suda sangre para desprenderse de esta carga negativa que arrastra.
La primera vez que llegué a Medellín lo hice por avión hasta el aeropuerto que queda en medio de la ciudad, el mismo donde se mató Carlos Gardel. Fue un espectáculo ir descendiendo entre dos montañas y ver todo un valle poblado de edificios altos y comunas en las laderas. Me impresionó el verde y la perenne temperatura primaveral.

Después de aquel día he vuelto muchas veces; de la época del narcotráfico sólo queda ya un recuerdo molesto y una conciencia colectiva de “nunca más”. No existe en toda Colombia una ciudad con más voluntad transformadora que Medellín. Es por ejemplo, la que tiene más zonas verdes interurbanas, más festivales al aire libre, donde más se ha aumentado los encuentros internacionales, la de más bibliotecas por habitantes, y sobre todo, la que tiene más conciencia de urbanidad, y apropiación del espacio público. Curiosa ciudad ésta donde se está produciendo actualmente lo mejor de la vanguardia que sale en Colombia: diseño, moda y artes electrónicas.

Encuentro Internacional Artes Plásticas
http://www.encuentromedellin2007.com/
Transformación de la ciudad: http://urbanismosocialmedellin.universia.net.co/
Festival de Cultura Digital http://www.medelink.net/2007/

Si hay alguien que escribe con más amor-odio sobre Medellín es Fernando Vallejo. Y si hay alguien que la retrata más crudamente, ese es el cineasta Víctor Gaviria.
Como en todos sitios, aún queda mucho por hacer, pero yo siento debilidad por Medellín... Medallo, Metrallo.

Medellín. Parque de los Deseos. Foto de Juan David Uribe de un proyecto suyo
Medellín. Parque de los Deseos. Foto de Juan David Uribe de un proyecto suyo
Medellín. Parque de los Deseos. Foto de Juan David Uribe de un proyecto suyo
Medellín. El Metro. Foto de Juan David Uribe
Medellín. Foto de Juan David Uribe
Medellín. Plaza Botero y Museo de Antioquia
Medellín
Medellín

lunes, 23 de julio de 2007

La Guajira

En la parte más septentrional de Colombia, (y de América del Sur) y lindando con el mar Caribe y con Venezuela, se encuentra el Departamento de La Guajira: la tierra del Vallenato, de los indios Wayuú, del mítico Cabo de la Vela, del desierto, y del contrabando.
Lugar inhóspito pero de una belleza salvaje, ¿Quién dijo que en Colombia sólo había exuberancia? Cuando llegas a esta península te da la sensación de haber cruzado el océano Atlántico y encontrarte de repente en las playas de Senegal o Mauritania.
Del vergel de la Sierra Nevada y del Parque Tayrona, al desierto guajiro, tan sólo hay 200 kilómetros y una sucesión de paisajes espectaculares.
Llegar hasta el Cabo de la Vela, el extremo norte de la Guajira, no es fácil: una vez en Rioacha -la capital del Departamento, tendrás que desplazarte a Uribia, la que llaman capital indígena. Esta ciudad, por lo que verdaderamente sorprende es por la cantidad exagerada de bolsas de plástico que te encuentras tiradas por las calles o enganchadas a los matorrales y cactus de los alrededores... Vamos, un auténtico basural. Uribia es el último lugar para aprovisionamiento de agua, de ron y de gasolina venezolana de contrabando (buena, bonita y barata). De allí se sale en jeep hacía el Cabo de la Vela: la punta más septentrional de América del Sur.
Por fin, después de 2 horas de travesía por el desierto, se llega al Cabo. Si coincide con la caída de la tarde, la sensación paz y calma se acentúa: Ante ti se te abre una bahía de mar serena y silenciosa, y una puesta de sol que jamás olvidarás. Por la mañana, otro espectáculo de la naturaleza te sorprenderá: el contraste del color turquesa del Caribe, el dorado de la tierra árida, y el viento.
Los lugares para quedarse por el Cabo de la Vela, son unas pocas rancherías que tienen los indios Wayuú. Muchas veces son simplemente unos sombrajos con chinchorros (hamacas muy anchas y coloridas que son auténticas obras de arte), sin luz ni agua. Pero hospedarte a 5 metros de la orilla y mirando las estrellas desde tu hamaca, es una sensación de felicidad indescriptible... hasta que llegan “los turcos de Maicao” con sus “narco-toyotas” y ponen vallenato a toda potencia mientras se dedican a beber güisqui hasta el amanecer. Una manera cualquiera de joder un momento místico y de que empieces a odiar la música vallenata.
Es el momento perfecto para irte entonces al sur de la Guajira, pegado a la Sierra Nevada, donde se encuentran unas playas maravillosas al estilo de las del Parque Tayrona pero mucho menos masificadas. Ah, el Cabo de la Vela además, es uno de los mejores spots de Sudamérica para hacer windsurf y kitesurf. Merece la pena.

la Guajira, Cabo de la Vela.
la Guajira, Cabo de la Vela.
la Guajira, Cabo de la Vela. Las rancherías
la Guajira, Cabo de la Vela. Pilón de Azúcar.
la Guajira, Vabo de la Vela.
la Guajira, Cabo de la Vela. Indios Wayuú.
la Guajira, Cabo de la Vela. Guajiros en mi chinchorro
la Guajira, Cabo de la Vela. Excelente destino de Windsurf... y desconocido
la Guajira, Maicao. Gasolineras ilegales de contrabando.
la Guajira. Al sur, playas de Palomino.
la Guajira. Al sur, playas de Palomino
la Guajira. Al sur, playas de Palomino.

CUADERNO DE BITÁCORA