Tribecamiércoles, 29 de agosto de 2007
Nueva York
Tribecadomingo, 19 de agosto de 2007
Nos vamos pa' Nueva York
sábado, 18 de agosto de 2007
Providencia, o el paraíso
Cuando te vas acercando a ella en la avioneta que te trae desde la isla de San Andrés y empiezas a divisarla a través de la ventanilla, sin que te des cuenta, se te va dibujando una sonrisa en la cara que solo se borrará el día de tu partida. Es la isla del buen rollo.
Providencia es verdaderamente mágica y diferente a todo: no es la clásica isla del mar Caribe coralina, plana y con turistas, sino de origen volcánico, muy abrupta y solitaria. Son tan sólo 17 km2 de montañas, acantilados, y playas, por lo tienes siempre la sensación de que sus propios habitantes viven aislados los unos de los otros. Su marcado pasado pirata la hace además escurridiza y misteriosa; no es el clásico lugar que se te abre y te deja mostrar sus encantos de buenas a primeras.
La poquísima población que hay es negra; rastafaris influenciados por Jamaica, que hablan criol: una mezcla entre inglés y español, más “cosecha propia”. A estos, se le han sumado unos pocos colombianos del continente que un día, cansados de sus anodinas existencias, lo dejaron todo y empezaron una nueva vida en el edén terrenal, escépticos todos de que pueda exista algo mejor en el paraíso celestial. Si es que existe, claro.
Dentro de los múltiples personajes que pueblan la isla, hay dos que no te puedes perder: Alan y su chiringuito “el Divino Niño”. Simplemente excepcional. Y Richi, un caleño con media cara afeitada metido en una caseta-bar de 2m cuadrados suspendido en un acantilado. Pone reagge y no te dirige la palabra a menos que tú lo hagas.
Afortunadamente, la morfología accidentada de la isla y su dificultad para llegar, ha hecho de Providencia un lugar fuera del circuito turístico. Esperemos que por muchos años más para disfrute de aquellos que buscamos el paraíso.
Divisando Providencia desde la avioneta
Playa de Manzanillo. Niños de la isla jugando, como todos los días de sus vidas
Donde Alan. El Divino NIño
Providencia desde los cayos
Uno de los cayos de Providencia
lunes, 13 de agosto de 2007
Colombia vista por un venezolano y un español
De los dos, me quedo sin lugar a dudas con el del venezolano: contundente y corrosivo, se nota que conoce mejor este país que la mayoría de los colombianos. El del español, aunque más superficial que el primero, tampoco no está mal pero cae en el vicio de siempre: si escribes un artículo sobre Colombia en España y no nombras las palabras guerrilla, Tirofijo y Pablo Escobar, parece que no “vendes”... aunque sea como éste, que habla de Simón Bolívar.
Colombia vista por un venezolano, Sinar Alvarado
Colombia, entre la espada y la palabra, Francisco Peregil
domingo, 12 de agosto de 2007
Memoria Histórica asimétrica
Las carajotadas que a estas alturas promueva la Iglesia Católica Apostólica y Romana no son novedad porque ya no sorprenden a nadie. Ni siquiera llegan a la categoría de escándalo. Allá ellos, que sigan así; que van por la senda correcta hacía la desaparición. Es curioso ver como en un continente como éste, Sudamérica, - la única reserva de fieles que le quedaba a la Iglesia Católica-, las sectas les vayan quitando adeptos y devotos a la velocidad de la luz, y estos lumbreras en vez de preocuparse del tema, se dediquen a montar estos proyectos anacrónicos y casposos. Todo un crack el que tienen ahí en cuestiones de marketing.

Lo que de verdad resulta curioso de la noticia, es que esta iniciativa privada cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Valencia, gobernado por el PP, que cede una antigua nave industrial para construir este santuario. Se trata de una de las antiguas naves de hormigón de la industria química Cross, en la avenida de Francia, que junto a otros solares destinados a uso escolar, le fue cedida al arzobispado por el Ayuntamiento presidido por Rita Barberá, del PP, a cambio del solar arqueológico de la plaza de L"Almoina.
Las facilidades concedidas por el Ayuntamiento de Valencia al proyecto de honrar la memoria de los muertos en el bando nacional, chocan con los impedimentos que el Consistorio ha puesto para las obras de construcción de nichos sobre una fosa común del cementerio de Valencia en la que, según el Fòrum per la Memòria Històrica del País Valencià, hay enterrados cientos de personas que fueron ejecutadas tras la guerra civil. Las obras sobre la fosa común fueron paralizadas cautelarmente por un juzgado, que finalmente dio la razón a esta asociación. El Ayuntamiento, por ahora, ha abandonado la intención de construir los nichos.
Pero la broma continúa. Por otra parte, el portavoz del PP en la Comisión de Interior del Senado, Ignacio Cosidó, aseguró, que de salir adelante, la denominada Ley de la Memoria Histórica supondría "romper con los principios de la Transición" y "abrir heridas" que ya estaban "cerradas".
Uy, uy, uy, ay, ay, ay... ¿No era ZP “el demonio” que estaba resucitando las dos Españas? Mira tú, curiosa forma la del PP de protestar contra la Ley de la Memoria Histórica.
lunes, 6 de agosto de 2007
La 33
La primera vez que los vi fue en la sala Teathron, en el barrio de Chapinero de Bogotá casi recién llegado a estas tierras. Compartían cartel con Sidestepper, la propuesta musical más interesante de Colombia. Éstos, que eran el grupo estrella, tocaron los primeros y cuando acabaron se fue media sala. Y yo también me hubiera ido de no ser que me estaba ligando a Adriana: después del conciertazo de Sidestepper, lo mejor era largarse con la chica a otra parte. Pero ella no, la niña quería salsa y había que quedarse. Esa noche estaba dispuesto a “tragármelo todo”... e incluso a Manolo Escobar si hubiera hecho falta. *Inciso para los colombianos: la salsa que llega a España tiene la calidad de una balada de José Luis Perales o Paloma San Basilio. La salsa que nosotros escuchamos allí es una herejía para ustedes; es lo mismo que cuando algunos me hablan aquí de “flamenco = Gipsy Kings”. Esa noche, yo sabía de salsa lo que un colombiano puede saber de un martinete.
Sigo. De pronto empieza a subir al escenario gente y más gente, y empiezan a tocar...
La 33. Creo que si me hubiesen hecho una foto en ese momento, hubiera salido con una cara de gilipollas tremendo: con la boca abierta, embobado con aquel ritmazo frenético, con esa orgía de saxofones, trompetas, trombones, congas, piano, la peculiar voz "metálica" del cantante... Estaba absorto, alucinando con todo aquello. Esa noche empecé a saber que coño era la salsa.
La 33 es una banda bogotana que ha sabido mezclar perfectamente toda la herencia del sonido Latin Jazz neoyorquino de los años 70, el son cubano de los 50 y el mambo de Pérez Prado. En estos casi 2 años que ha pasado desde aquella noche en Teathron, esta orquesta se ha consolidado como una de las mejores bandas actuales de salsa de todo el Caribe, consiguiendo incluso la aceptación de los más recalcitrantes salseros. Después vino Berlín, Hamburgo, Viena, Bélgica, Lugano, Milán, Torino, Genova, Quito, Caracas, Amsterdam, Liverpool, Barcelona....
Ahora, asistir a los conciertos de esta gente se ha vuelto complicado porque hay hostias para conseguir entradas. Pero merece muchísimo la pena verlos en directo porque te aseguran el parradón: Este grupo transmite y la gente baila desenfrenada haya espacio o no. Da igual. Si no bailas con La 33 es que tienes que estar lisiado.
Aquí os dejo una de las canciones más populares de La 33: La Pantera Mambo. Una versión del clásico de Henry Manzini.
martes, 31 de julio de 2007
Mónica Barreneche
Colaboradora habitual de la revista SOHO www.soho.com.co y de la agencia Leo Burnett, metódica y con mucho talento, consigue convertir una simple foto de dos cholas en Machu Picchu, - de esas que se dejan hacer fotos si les das monedas y que van medio disfrazadas para los turistas-, en una auténtica obra de arte. Al resto de los mortales nos saldría una patética foto de souvenir.
Todos deseamos que pueda ampliar sus estudios de fotografía en Londres, aunque eso nos cueste perder a una de las mejores parejas para bailar salsa en Bogotá y tengamos que conformarnos con recordarla cada vez que suene "Casi te envidio", de Andy Montañez.
Mónica Barreneche y Mr Ringo di Pietro. Mía
Dos cholas en Machu Pichu. Mónica Barreneche
David Rugeles. Mónica Barreneche
para revista. Mónica Barreneche
para publicidad. Mónica Barreneche
viernes, 27 de julio de 2007
jueves, 26 de julio de 2007
Medellín, Medallo, Metrallo...
La primera vez que llegué a Medellín lo hice por avión hasta el aeropuerto que queda en medio de la ciudad, el mismo donde se mató Carlos Gardel. Fue un espectáculo ir descendiendo entre dos montañas y ver todo un valle poblado de edificios altos y comunas en las laderas. Me impresionó el verde y la perenne temperatura primaveral.
Después de aquel día he vuelto muchas veces; de la época del narcotráfico sólo queda ya un recuerdo molesto y una conciencia colectiva de “nunca más”. No existe en toda Colombia una ciudad con más voluntad transformadora que Medellín. Es por ejemplo, la que tiene más zonas verdes interurbanas, más festivales al aire libre, donde más se ha aumentado los encuentros internacionales, la de más bibliotecas por habitantes, y sobre todo, la que tiene más conciencia de urbanidad, y apropiación del espacio público. Curiosa ciudad ésta donde se está produciendo actualmente lo mejor de la vanguardia que sale en Colombia: diseño, moda y artes electrónicas.
Encuentro Internacional Artes Plásticas http://www.encuentromedellin2007.com/
Transformación de la ciudad: http://urbanismosocialmedellin.universia.net.co/
Festival de Cultura Digital http://www.medelink.net/2007/
Si hay alguien que escribe con más amor-odio sobre Medellín es Fernando Vallejo. Y si hay alguien que la retrata más crudamente, ese es el cineasta Víctor Gaviria.
Como en todos sitios, aún queda mucho por hacer, pero yo siento debilidad por Medellín... Medallo, Metrallo.
Medellín. Parque de los Deseos. Foto de Juan David Uribe de un proyecto suyo
Medellín. El Metro. Foto de Juan David Uribe
Medellín. Plaza Botero y Museo de Antioquia
Medellín
Medellín
lunes, 23 de julio de 2007
La Guajira
Lugar inhóspito pero de una belleza salvaje, ¿Quién dijo que en Colombia sólo había exuberancia? Cuando llegas a esta península te da la sensación de haber cruzado el océano Atlántico y encontrarte de repente en las playas de Senegal o Mauritania.
Del vergel de la Sierra Nevada y del Parque Tayrona, al desierto guajiro, tan sólo hay 200 kilómetros y una sucesión de paisajes espectaculares.
Llegar hasta el Cabo de la Vela, el extremo norte de la Guajira, no es fácil: una vez en Rioacha -la capital del Departamento, tendrás que desplazarte a Uribia, la que llaman capital indígena. Esta ciudad, por lo que verdaderamente sorprende es por la cantidad exagerada de bolsas de plástico que te encuentras tiradas por las calles o enganchadas a los matorrales y cactus de los alrededores... Vamos, un auténtico basural. Uribia es el último lugar para aprovisionamiento de agua, de ron y de gasolina venezolana de contrabando (buena, bonita y barata). De allí se sale en jeep hacía el Cabo de la Vela: la punta más septentrional de América del Sur.
Por fin, después de 2 horas de travesía por el desierto, se llega al Cabo. Si coincide con la caída de la tarde, la sensación paz y calma se acentúa: Ante ti se te abre una bahía de mar serena y silenciosa, y una puesta de sol que jamás olvidarás. Por la mañana, otro espectáculo de la naturaleza te sorprenderá: el contraste del color turquesa del Caribe, el dorado de la tierra árida, y el viento.
Los lugares para quedarse por el Cabo de la Vela, son unas pocas rancherías que tienen los indios Wayuú. Muchas veces son simplemente unos sombrajos con chinchorros (hamacas muy anchas y coloridas que son auténticas obras de arte), sin luz ni agua. Pero hospedarte a 5 metros de la orilla y mirando las estrellas desde tu hamaca, es una sensación de felicidad indescriptible... hasta que llegan “los turcos de Maicao” con sus “narco-toyotas” y ponen vallenato a toda potencia mientras se dedican a beber güisqui hasta el amanecer. Una manera cualquiera de joder un momento místico y de que empieces a odiar la música vallenata.
Es el momento perfecto para irte entonces al sur de la Guajira, pegado a la Sierra Nevada, donde se encuentran unas playas maravillosas al estilo de las del Parque Tayrona pero mucho menos masificadas. Ah, el Cabo de la Vela además, es uno de los mejores spots de Sudamérica para hacer windsurf y kitesurf. Merece la pena.
sábado, 21 de julio de 2007
Villa de Leyva (Boyacá)
Este pintoresco rincón del departamento boyacense, se ha convertido en un punto clave de escapada para los bogotanos los fines de semana.
A mitad de camino entre un pueblo andaluz-castellano manchego, un parque temático, o un decorado para películas como el Zorro; a este pseudo “invento” para bogotanos hay que reconocerle la buena vibra que desprende. Sitio de encuentro de gomelos (pijos), hippys en busca de un buen viaje a base de setas alucinógenas, jubilados, ó bohemios, es un lugar ideal para cabalgatas, para los amantes de las cometas, para emborracharse en las escalinatas de la plaza a base de guaro (aguardiente), para comprar artículos de lana, para simplemente ver pasar a gente, y sobre todo, para visitar su mercado los sábados por la mañana.
Esto último, es un deleite para los sentidos que merece la pena ver: para un europeo como yo, que nunca antes ha visto ni la mitad de la mitad de los productos que allí se venden, aquello se convierte en un auténtico espectáculo visual mezclado de olores y los sonidos. No dejen de probar para desayunar en los asaderos del mercado, el caldo, la morcilla y las gallinas (tienen el huevo dentro: como cuando era pequeño y me lo daba mi abuela). Una manera fantástica de empezar el día. Y ligera...
En Villa de Leyva, hace algo más de cuatro siglos, a un andaluz como yo, le dio por escribir y escribir, y completó el poema mas extenso jamás escrito en español: Elegías de Varones Ilustres de Indias. Se llamaba Juan de Castellanos y este año se celebra el IV Centenario de su muerte.
Villa de Leyva. Plaza Mayor
Villa de Leyva. Plaza Mayor
Villa de Leyva. Plaza Mayor
Villa de Leyva. Una casa de la Plaza Mayor
Villa de Leyva. El Infiernito, lugar de culto prehispánico dedicado a la fertilidad
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